Restaurante Dogwood, Baltimore

Restaurante Dogwood, Baltimore

Restaurante Dogwood, Baltimore

Ubicado en Hampden, un barrio muy pintoresco de la ciudad de Baltimore, encontramos el restaurante Dogwood.

Siguiendo la tendencia, cada vez más importante en los Estados Unidos, de la comida orgánica y sostenible, la cocina de Dogwood se elabora con productos preferentemente naturales, locales y de fuentes artesanales y sostenibles cuando es posible. Además, Dogwood, pretende un cometido social, pues no es solo un restaurante, sino que en el local se imparten clases de cocina para la comunidad.

Hay que destacar que, pese a la pésima opinión en España que suele suscitar la comida en los Estados Unidos, esta suele ser de calidad y variedad destacables. Es cierto que no hay una comida típicamente americana más allá de las hamburguesas, pero también es cierto, que la sociedad estadounidense es una mezcolanza de culturas y en una ciudad mediana puedes encontrar desde un restaurante de comida afganesa a uno de comida koreana pasando por japonesa, thai e incluso un bar de tapas español.

Una de las cosas que me sorprendió la primera vez que estuve en USA, fueron las hamburguesas que se sirven en los restaurantes. A diferencia de la fina y seca suela de zapatos hamburguesa de los restaurantes de comida rápida, las hamburguesas típicas suelen ser muy gruesas y jugosas y estar francamente buenas.

Así pues, recien llegados de España, con un jet-lag de muerte y en hora de brunch, llegamos al Dogwood después de un paseo por Hampden. Maria decidió comer un breakfast y yo un lunch. Pedimos una Galen’s Burger y un Irish breakfast.

La hamburguesa, con queso azul, cebolla y champiñones a la parrilla estaba deliciosa, en especial la carne.

El desayuno ( si es que a esto se le puede llamar desayuno ) estaba compuesto de patatas cocidas con perejil, salchichas, tocino, huevos escalfados y frijoles irlandeses.

De postre nos tomamos un waffle con fresas y sirope de arce, muy típico en esta zona de los Estados Unidos.

Nos costó, todo 47,33 dólares.

El restaurante está pintado con vivos colores y se accede tanto por la parte principal, en la 36th street como por la parte trasera, que da al parking gratuito. El mobiliario, peculiar, cómodo pero cada mesa era diferente. Disponen de una pequeña carta de vinos, de California, franceses y chilenos, caros para la calidad de los mismos, pero en línea con lo que se ofrece en este país en cuanto a vinos.

Nos atendieron de una manera correcta, se preocuparon en mirar si había algo del menú había sido realizado con leche ( que no podemos tomar ) y nos ofrecieron el plato sin eso. Además fueron muy amables cuando les pedimos que nos calentaran el biberón para nuestro pequeño bebé.

Un sitio muy recomendable para ir y un entorno para pasear despreocupadamente mientras se observan las típicas casas americanas, con sus flamencos y flores de madera, sus porches destartalados y adornados con un gusto “peculiar” y como no, las omnipresentes banderas americanas ondeando en una de cada cuatro o cinco casas.

Esta entrada fue publicada en Restaurantes y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Los comentarios están cerrados.